viernes, 8 de agosto de 2008

Noche…

Una noche oscura. El viento sopla fuerte y golpea la ventana. La sangre se sigue sintiendo, sintiendo tibia. La soledad me acompaña en tan cruel momento, mi tristeza me superó y la ira la venció.

Ya es muy tarde. Lo hecho, hecho está y no hay vuelta atrás. ¿Qué por qué lo hice? Ja, no tenía otra opción. No tenía otro futuro. ¡Espera! No es cierto. Lo hice por cobardía, por miedo de enfrentar mi futuro y el de los demás.

Ya me habían amenazado. Yo actué antes que todos ellos. Fui más rápida. No dejé que me dijeran nada, no dejé oportunidad.

Ahora siento el remordimiento, no era su culpa.

Pero no me atreví a luchar, lo siento.

Pero mis lágrimas no repararan el daño que les hice y que me hice. El tiempo se fue demasiado rápido.

El sufrimiento ya es un hecho. La sangre sigue saliendo. Nunca creí que tendría el valor para cometer este crimen, la vida me ayudó a hacerlo. La vida ya se fue y no puedo hacer más que aceptar los hechos y mi culpa. Aunque si bien yo lo hice, los demás me presionaron a hacerlo. Parte de culpa tienen, ellos son parte de esto.

Perdóname, quizás querías vivir. Pero la vida para nosotros ya no existe. La vida que nos esperaba era una cruel batalla que no quise luchar. Mi decisión ya está hecha y nadie pudo cambiarla.

Me dieron la oportunidad y la tomé. La soledad en esto es mi único testigo, testigo de que los dos sufrimos demasiado. Sufrimos con que nadie nos apoyara, con que querían matar a uno de nosotros.

Yo decidí que no morirías solo, que si morías tú moría yo. Y no pude luchar más. La muerte está con nosotros, te quiero y por eso no te irás solo, hijo mió.

En el baño de la casa yace el cuerpo de una joven embarazada.

Cuando su familia la encontró, ella y el niño que esperaba no se encontraban en este mundo.

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